Soy Anna y esta es Anouk: dos caminos que se cruzaron para convertirse en uno solo.

Quiénes somos

Cuando decidí adoptar un perro en 2020, me recomendaron que buscara una camada equilibrada, sin miedos, y con buena genética.

Así conocí a Anouk, cuya madre vivía en Badajoz y su padre en León, un perro impresionante con rasgos muy similares a los de un lobo. Elegí el nombre “Anouk” porque transmite fuerza y dulzura a la vez, y me pareció perfecto para ella.

Pero llegó la pandemia… y con ella, el encierro.

Durante sus primeros meses —los más importantes para la socialización de un cachorro— Anouk apenas pudo ver personas ni otros perros.

El mismo día que recibió la vacuna que le permitía salir por fin, otro perro la atacó. A partir de ese día, el miedo se instaló en ella. Su mundo se volvió pequeño, y cada estímulo nuevo la sobrepasaba.

Tuvo además un accidente que le llevó a perder el rabo, algo que, aunque con el tiempo se recuperó, marcó aún más su sensibilidad.

Aun así, yo siempre sentí que dentro de ella había luz.

Me formé en comportamiento canino, en técnicas de socialización y en métodos para trabajar el miedo desde la calma y la seguridad. Mientras aprendía para ayudarla a ella, descubrí que este camino también podía ayudar a muchos otros animales… y, más adelante, a muchos niños.

Con tiempo, constancia y el apoyo de perros muy estables, Anouk empezó a cambiar.

Una perra que hoy transmite calma

Hoy es una perra centrada, tranquila, cuidadosa y muy sensible. Sabe elegir distancias, sabe calmarse y, sobre todo, tiene una enorme capacidad para generar confianza en quienes la rodean.

Por eso decidí compartir este proyecto:

Lo que un día empezó siendo un proceso de sanación para ella y para mí, hoy se ha convertido en una manera de acompañar a otros.